Medicina espacial y su impacto en la salud

Medicina espacial y su impacto en la salud

Michelle Angell

Por supuesto que los viajes al espacio o cualquier exploración de nuestro gran universo siempre son, y han sido, motivo de curiosidad y emoción. Tanto, que hoy, Jeff Bezos, fundador de Amazon, viajó al espacio en uno de los primeros vuelos comerciales de la historia, uniéndose así a la "carrera espacial privada" detrás de Richard Branson y Elon Musk, fundadores de Virgin y SpaceX, respectivamente.

A bordo del cohete New Shepard (nombrado en honor a Alan Shepard, el segundo humano en ir al espacio) Bezos, su hermano, Wally Funk y Oliver Daemen ascendieron 100 kilómetros sobre la superficie de la Tierra y experimentaron la microgravedad (la condición en la que objetos y humanos “flotan” en el espacio porque la fuerza de gravedad es mínima) por al menos tres minutos, algo que sin duda marcará un antes y un después en los viajes al espacio.

Este pequeño paso para el hombre, seguramente será un gran salto para la medicina –además de para la humanidad– porque la investigación espacial va mucho más allá de viajar fuera de la Tierra, probar la gravedad cero y usar un increíble casco de astronauta. Esta disciplina es tan amplia que la medicina espacial es uno de los proyectos más ambiciosos en el mundo de la ciencia y tiene TODO que ver con nuestra salud.

Gracias a los viajes al espacio hoy podemos usar cosas tan pequeñas y cotidianas como el velcro y el microondas o hacer uso de objetos tan importantes como un marcapasos.

Actualmente existe un grupo de seis astronautas de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA por sus siglas en inglés) que rota cada seis meses y vive dentro de la Estación Espacial Internacional (ISS por sus siglas en inglés).

Durante este tiempo prueban en el espacio exterior teorías sobre la vida del ser humano y su salud. La ISS es el único laboratorio en el que pueden hacer investigaciones con la microgravedad por tiempo indefinido, por lo que representa una gran herramienta para estudiar lo que le sucede al cuerpo humano dentro y fuera de la Tierra.

Estos estudios son necesarios por las reacciones tan diferentes que podemos tener ante factores como el tiempo, el espacio, la velocidad, la presión o la temperatura. Por ejemplo, durante un solo día en el espacio, un astronauta viaja 16 veces alrededor de la Tierra, por lo que ve 16 amaneceres y 16 atardeceres. Esto implica que el cuerpo humano se comporte y perciba las cosas totalmente diferente.

Dos décadas de descubrimientos espaciales

Durante los últimos 20 años, las conclusiones que ha obtenido la NASA han ayudado al desarrollo de tratamientos y medicinas para diferentes padecimientos.

Desde la creación de robots que ayudan en operaciones difíciles y delicadas (como quitar tumores del cerebro), hasta descubrimientos importantísimos en tratamientos contra el asma, la osteoporosis, el alzheimer, parkinson o cáncer. También han logrado cosas como mejorar los equipos de ultrasonido, un avance importantísimo que ayuda a detectar enfermedades a tiempo.

La posibilidad de experimentar sin gravedad los efectos de un padecimiento y estudiar las células del cuerpo humano sin ella, le ha dado a los investigadores un mejor entendimiento de nuestro sistema.

La lucha contra el cáncer desde órbita

Desde hace algunos años, en la estación espacial trabajan con células endoteliales, mismas que se encuentran en nuestro cuerpo. Ellas recubren el interior de cada uno de nuestros vasos sanguíneos y juegan un papel fundamental en el desarrollo del cáncer.

Esta enfermedad ocurre cuando una gran cantidad de células anormales en nuestro cuerpo se dividen rápidamente y sin control, se infiltran en nuestro tejido corporal normal y lo destruyen o, en algunos casos, forman un tumor maligno.

Éste se alimenta de los vasos sanguíneos y las células endoteliales, al formar parte de estos, ayudan a crear el flujo sanguíneo que alimenta el tumor. Esto ha llevado a pensar que al controlar el crecimiento de las células endoteliales, podríamos “cortar” el flujo sanguíneo que lo alimenta.

En la ISS, existe AngieX, un experimento que se encarga de probar terapias contra el cáncer al reproducir este tipo de células en el espacio. Los científicos aseguran que crecen prácticamente igual que en nuestros cuerpos, a diferencia de lo que han logrado en la Tierra, pues acá abajo, no logran vivir mucho tiempo.

Al crear estas células en órbita se pueden probar muchos medicamentos contra esta enfermedad para averiguar cuál es la mejor manera de cortar el flujo sanguíneo hacia el tumor.

Éste es solo uno de los importantes experimentos que se realizan en la Estación Espacial Internacional relacionados a nuestra salud.

Del espacio hasta la Tierra

Los viajes al espacio también han hecho grandes aportaciones a la telemedicina, es decir, videoconsultas y atención médica a distancia; han ayudado a los científicos a entender mejor el comportamiento celular de nuestros cuerpos y han logrado avances en modelos de enfermedades y sus tratamientos.

El acceso a la teledetección espacial, o sea a las imágenes y datos que obtenemos a través de satélites orbitando, nos ha dado grandes posibilidades de vigilar a distancia cómo se comporta una enfermedad e incluso comprender los factores ambientales que favorecen a que una de éstas se propague. Con estos datos también se pueden definir zonas de riesgo y un plan para controlar ciertas enfermedades.

En 2018, los satélites de la NASA captaron datos súper importantes para pronosticar un brote de cólera en Yemen y su avance semanas antes de que ocurriera. La información tuvo una tasa de precisión del 92%, lo que ayudó a los grupos humanitarios a moverse con tiempo y aplicar medidas para prevenir el contagio.

Así es como la prevención, los diagnósticos, el desarrollo de tratamientos y herramientas para combatir enfermedades son solo una parte de la lista de los beneficios que la exploración espacial ha traído a la medicina.

Seguramente, algún medicamento que hayas tomado, un ultrasonido que te hayan hecho o hasta la ropa que uses en este momento existan gracias a las 2000 y un odiseas espaciales que han marcado nuestra historia. Así que ahora te preguntamos –aunque ya sepamos la respuesta– ¿qué quieres ser de grande?

Fuentes:

NASA, 2012.

NASA, 2020.

NASA, 2017.

Consalud.